Hay un vendaval al otro lado de la ventana que se está llevando las pocas hojas que le quedan a mi vecino árbol naranja. Me gusta esta tarde de sábado bajo mi nuevo nórdico finlandés. Aquí resulta un tanto ridículo llamarle nórdico, son mantas. Nada más. La carretera parece una alfombra de hojas que juegan con el viento. Y el número dos sigue su ruta, subiendo y bajando, sin importale nada. Ni lo que pasa por mi cabeza, ni las horas que se van, ni la temperatura perfecta que tienen hoy mis 15 metros cuadrados.
viernes, 26 de septiembre de 2008
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